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Abolir la ley Bossi Fini empezando por el cierre de los Centros de Internamiento.

Mercoledì 14 febbraio 2007
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Las luchas contra los CIE han sido centrales desde 1998 hasta hoy para los movimientos. Muchos habían esperado que en sus primeros meses de mandato, el nuevo Gobierno mostrase una clara inversión de tendencia en políticas migratorias, pero por desgracia las primeras acciones oficiales acerca de la propuesta de reforma de la ley Bossi Fini ponen de manifiesto que los CIE no sólo no serán abolidos, si no que se verán reforzados, financiados y diversificados para cada tipología de migrante, incluídos los demandantes de asilo. En muchas ocasiones representantes del Gobierno han afirmado que “los centros de internamiento para inmigrantes son indispensables”. Recientes declaraciones acerca del “vaciamiento” de los CIE aparecidas en el informe final de la Comisión de Mistura (ndt: comisión ratificada por la ONU para verificar las condiciones en el interior de los CIE italianos) son incosistentes y contradictorias; la detención administrativa continua siendo una medida aplicable a algunas categorías de migrantes, por ejemplo a todos aquellos a quienes nada les apetece la idea de ¡repatriación voluntaria!.

No solamente no tenemos delante de nosotros un futuro en el que los CIE serán mantenidos, ampliados en número y mejorados en Italia, si no que tenemos que considerar que sigue adelante, con pasos de gigante, la externalización de los centros de detención hacia países de tránsito como los del Norte de África y Europa del Este, dónde cuesta menos construirlos y es todavía más difícil saber que sucede en su interior. Esta es la razón por la que el Gobierno actual no ha puesto en discusión los acuerdos firmados por Berlusconi con Libia o la cooperación conjunta con España, Senegal y Malta de vigilancia militar de las costas de África Occidental y septentrional en los proyectos Frontex y Giasone.

Desde su fundación hasta hoy, la función de los CIE ha sido transformada gradualmente, pasando de ser un lugar de expulsión a un instrumento de gestión de las migraciones; los CIE son, por tanto, parte del proceso de acumulación y, al contrario de lo que piensan algunas fuerzas políticas gubernativas, funcionan en manera tal que podrían volverse centrales para la explotación del trabajo migrante.
La reforma en la cual está trabajando el Gobierno no intenta acabar con la relación de esclavitud que conecta la obligación de trabajar al derecho de permanencia sobre la que se rige el proceso de explotación, sino más bien al contrario, la refuerza con nuevos mecanismos, garantizando así la continuidad total con lo establecido por la ley Bossi Fini. En este contexto se vuelven más que nunca actuales las instancias de los movimientos contra la precariedad y por la libertad de movimiento: de frente a las propuestas de potenciación de los sistemas de control y submisión de la fuerza trabajo migrante por parte del mercado económico a través de las cuotas de flujos trienales, el esponsorizaje o las listas de colocación de las embajadas italianas, es central reivindicar el derecho de permanencia para todos los migrantes desvinculado de la relación de trabajo, lo cual debería ser traducido en un sistema de regularización permanente de todos los migrantes que se encuentran en territorio europeo, en el acceso libre al mercado de trabajo por parte de los migrantes, siendo equiparados todos los efectos a los trabajadores nativos, y por último, en la apertura de las fronteras, en primer lugar las europeas.

Desde la movilización contra el CIE de Trieste en 1998, que hizo posible el cierre de aquel primer CIE italiano, los ciclos de resistencia contra las fronteras continuan, también ahora, tanto en nuestro territorio como en calquier lado del resto del mundo. Desde hace años la batalla por el cierre de los centros de internamiento para migrantes adquiere una dimensión europea, articulándose entre movilizaciones e iniciativas – cada vez más frecuentemente coordinadas - que ponen en cada país de la Unión la urgencia del final de las políticas de detención y deportación de migrantes.
Recientemente, de hecho, muchos de los dipositivos emblemáticos de la utilización de la fuerza trabajo migrante por el capital han sido el objeto de verdaderas campañas europeas, recordamos entre otras muchas la campaña Deportation Class en contra del negocio de decenas de compañías de aéreas que garantizan el viaje humillante de retorno a los migrantes sin permiso de residencia, así como también las iniciativas de sabotaje a los CIE, por ejemplo el asalto al CIE de Bari Palese sirvió como ejecución del derecho de fuga de quince migrantes en 2004 en Puglia, o la invasión y desmontaje del CIE en construcción de Barcelona el pasado junio o el asedio a CIE esloveno de Postumia (Postjona) el pasdo mes de julio, momentos que han visto la participación de activistas provenientes de distintos países europeos además de una reacción duramente represiva, en términos militares y judiciales. A partir de la lucha por el cierre de los CIE, las redes de movimiento europeo han desarrollado una crítica compartida a la creciente precariedad del trabajo, individaundo un terreno común para las batallas de los trabajadores nativos y los trabajadores migrantes, en las cuales las exigencias de una regularización permanente de cada migrante sin permiso de residencia y aquella de una ciudadanía europea son reivindicadas junto al derecho a percibir un salario universal de ciudadanía.
Hoy estas luchas se han extendido, basta con observar nuestra capacidad para generar la Tercera jornada de Lucha global por el cierre de los CIE y la libertad de movimiento el pasado 7 de Octubre, en la que han participado decenas de realidades europeas desde Italia a Rusia, de Polonia a España, y que por primera vez ha contado con la participación de varios países africanos. En estas últimas semanas continuan las movilizaciones contra los centros de detención y las deportaciones a desiertos financiadas por la Unión Europea. En Usa el extraordinario movimiento de trabajadores y trabajadoras latinos golpea el vientre de la Guerra Global con las demandas de una ciudadanía no vinculada a la explotación. El Subcomandante Marcos, desde el muro fronterizo en Tijuana, ha puesto las luchas de los migrantes al orden del día de La Otra Campaña Zapatista. Finalmente, en Italia, no paran las decenas de iniciativas públicas de resistencia a la ley Bossi Fini, ni las denuncias del vínculo perverso y estrechísimo entre el cuadro normativo, CIE y explotación feudal del trabajo migrante.

En Bolonia el corte del presupuesto para las políticas sociales decidido por la Junta Cofferati ha determinado la puesta en marcha de una campaña de deportaciones de inmigrantes irregulares.
Fin del problema, fin de coste del problema. En este contexto, el CIE de via Mattei se ha convertido en un instrumento para el control del trabajo migrante y para la reducción salarial. El migrante clandestino está fuera de la posibilidad de contratación colectiva y es objeto de la precariedad más brutal. En Bolonia, y no solamente en los cultivos de tomate de Foggia, es normal que un migrante no sea pagado bajo la amenaza de la deportación. Existe una sinergia objetiva entre explotación del trabajo y gestión de los CIE. Las redadas de Policía y Carabinieri son orquestadas y planificadas a fín de que mensualmente partes específicas de la composición del trabajo sean su objeto.

También en Bolonia los movimentos comabaten la cárcel étnica de via Mattei desde 1998: la han invadido, denunciado, desmontado, literalmente desmontado, han apoyado muchas de las fugas de migrantes, han atacado la cadena logística de la deportación saboteando el negocio, invadiendo el aeropuerto, señalando las empresas que gestionan el centro y el catering, invadiendo el Tribunal de los Jueces de Paz que ratifican el mantenimiento de estas cárceles étnicas.

A todos aquellos que no han parado de luchar y resistir a la vegüenza de las prisiones étnicas, queremos proponer la construcción conjunta de una grande manifestación nacional en Bolonia, el 3 de Marzo contra la explotación de la precariedad migrante, por una Europa diferente, social y solidaria, en la que cada mujer u hombre tenga derecho a existir independientemente del país de origen.

Una jornada que imponga en la agenda del Gobierno el cierre inmediato de estas cárceles, los lager de nuestra época.

TPO, Bologna, enero. 2007

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